Nos resguardamos en el salón y te abrazaste a mí, creí que buscabas protección ante el ruido de la tempestad, pero de pronto sentí tus labios en los míos, en ese momento empecé a temblar como si uno de los rayos que estallaban en el entorno, hubiese hecho blanco en mis piernas, sus padres estaban a punto de llegar de Madrid, y ese pensamiento me hacía temblar aún más.
Creo que la tormenta no duró mucho tiempo, no recuerdo eso, la cabeza me daba mil vueltas y el corazón apenas podía sujetarse dentro de mi pecho, después, escampó y afortunadamente la casa se llenó de nuestros compañeros de juegos que acudían a la casa una vez terminada la tormenta, nos miramos con una sonrisa cómplice y nos separamos justo a tiempo al oír el motor del coche de sus padres.
Me gusta. Me solidarizo con los sentimientos que expones en este relato. Un beso
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