miércoles, 6 de abril de 2016

Sema



Tenía 59 años y acaba de dejarnos. Nunca me dijo nada, sabía que había luchado contra el cáncer, pero pensaba que venció, no me dijo que estaba perdiendo la batalla, quizás por ello se casó con su compañera de siempre, de toda la vida, la que le dio sus hijos y sobre todo su Después de treinta años sin saber nada de él, gracias al milagro del “feisbus” nos volvimos a reencontrar, me llamó por teléfono y su cerrado acento andaluz me costó seguir nuestra conversación, pero disfruté del reencuentro telefónico, prometí volver a verlo cuando volviera a Andalucía, él se comprometió incluso a hacer los 234 kilómetros entre Motril y Algeciras para verme.
No pudo ser, nunca volví a bajar al sur y ahora me arrepiento, pero no estaba en mi mano. A la postre nada  está ya en mi mano.
Qué decir de él. Era capaz de sacar dinero de la nada, sabía que triunfaría en la vida y así fue. No imaginaba que se metería en política, pero estoy seguro que fue porque después de garantizarse el futuro quiso devolver a la sociedad todo lo que él había logrado y ayudar a los jóvenes, seguro que nunca fue por figurar.
Cumpliendo el servicio militar lo conocí, Era el discreto dueño de la Compañía, además de estar reenganchado lo que le daba un plus de experiencia, tenía la tranquilidad de quien sabe hacer las cosas bien.
Nuestro primer contacto fue un encontronazo en toda regla, acababa de aprobar el curso de cabo primero y lo estaba celebrando con un compañero de reemplazo, el calimocho corría por mis venas y siempre tuve un torrente por voz cuando ello ocurría, él mi vino a reconvenir por ello, al ver mis ojos nublados me interpeló:
-         - ¿Tú eres tonto o comes mierda?
Estaba claro que la preguntita se las traía, yo tenía muy claro que el rancho que comíamos era la segunda opción por lo que le respondí:
-         - Yo no soy tonto.
No tenía espíritu de Forrest Gump, pero él no lo entendió así, por lo que su contra respuesta fue de cajón.
-         - Entonces comes mierda.
Y se volvió para la camareta de los cabos primeros tan ufano. Yo le dejé llevarse esa victoria, no me convenía malquistarme con quien iba a compartir camareta a partir del día siguiente y por supuesto no me arrepentí de ello.
A partir de entonces lo llegué a conocer, a convivir veinticuatro horas al día, a tener un hermano mayor que me guiara y me apoyara. Cuando me pasaba con la bebida sabía que tenía un amigo que me llevaría a la cama.
Se licenció y después de varias vicisitudes cuando me licencié a mi vez nos seguimos viendo hasta que un día rompió con su novia y perdimos el contacto.
Después de recuperarlo y no habernos vuelto a ver, tengo esa espina clavada, pero hay una promesa que cumpliré, la de llevar una flor a tu tumba para confirmar nuestra amistad perpetua.
Para siempre, Sema.


lunes, 28 de marzo de 2016

Venganza



No me costó encontrar una bujía usada y desechada junto a un taller cerca de mi casa, me agaché y me la metí en el bolsillo, luego busqué un coche con unos cuantos años de antigüedad, mi padre había enseñado a hacer el “puente” pero no me fiaba de los vehículos nuevos, no fuera que los cables hubieran cambiado de posición y funcionamiento.
 Con la bujía rompí el cristal con total facilidad, pues un tozo de hule en el asiento para no cortarme con los cristales y me agaché a hacer el “puente” no tardé mucho, aprendí bien la lección. Arranqué y me acerqué a la calle Cea Bermúdez, por supuesto no paré el motor, aguardé en doble fila su salida, sabía que no tardaría mucho, lo había seguido durante un par de semanas y era totalmente previsible, a la misma hora todas las tardes salía de la Residencia para ir al aparcamiento donde guardaba su vehículo.
Y no fue una excepción aquél  día, allí estaba saliendo del portal. Me dispuse en posición, en esa hora no iba a tener problemas, apenas había peatones cruzando la calle. El muñeco del semáforo se puso en verde y él comenzó a cruzar la calle. Derrapé un poco al pisar el acelerador, no me convenía que anduviera prevenido, pero afortunadamente no me oyó y siguió cruzando confiado, creo que era la misma cara que tuvo cuando se estampó en el cristal del R5. Nunca la podré olvidar y durante meses era lo último que veía cuando cerraba los ojos al irme a dormir.
Pero nunca tuve pesadillas por ello, más bien al contrario. Su cuerpo, pues yo no frené en ningún momento, volteó por encima del techo como un pelele. Al mirar por el retrovisor lo vi caer desmadejado  sobre el asfalto.
Un suspiro de alivio salió de mis pulmones, la  justicia se había cumplido. Dura lex sed lex. Aunque sea la ley de la venganza, mi propia ley.


sábado, 26 de marzo de 2016

Previsor



Creo que ya lo he dicho en alguna ocasión que mi libro de cabecera en mi infancia fue Las aventuras de Tom Sawyer de Mark Twain. Una vida en un pequeño pueblo con excitantes aventuras y ganar el amor de Becky. ¡Qué más podría desear!
Sencillamente acudir a mi propio funeral, ni más ni menos. Según pasa el tiempo me excita más la idea. No por mi familia, dios me libre.  No me gustaría ver su sufrimiento, solo sería por el morbo que me daría observar a mis ex.
Algunas ya me habrán olvidado ¿Jose Antonio Qué? – No lo conozco o no le recuerdo.- contestarían la mayoría. Otras sencillamente le trairía al pairo la noticia. Pero luego me gustaría ver si hay genuino dolor en ellas.
¿Y qué decir de tus conocidos? Aún recuerdo cuando llegué al mi trabajo, al poco falleció uno de los directores, debía de ser un tipo honrado fuera del “corralito” que tienen montado el resto. Y más cuando al día siguiente el trabajo no se interrumpió, un leve comunicado por correro electrónico y santas pascuas, si te he visto no me acuerdo. Sus objetos personales introducidos en una bolsa a disposición de su familia.
¿Seré merecedor de alguna lágrima auténtica? No lo tengo muy claro, desde luego en mi trabajo a pesar de mi interes en agradar a mis compañeros e incluso ser algo más que el chaval simpático que reparte la valija y tiene soluciones para todos los problemas, mi actividad sindical hace que me haya creado muchos enemigos.
Me preocupa más que mis obras se queden inconclusas, mi blog, afortunadamente, tiene un testaferro, no quedará como otros muchos sin un final, sin una nota del porqué de repente las entradas cesaron de repente y espero que mi albacea también dé la noticia en el Facebook. Hay que ser precavido.


viernes, 25 de marzo de 2016

Pobrecilla



Te llamé y no me contestaste. Ante mi oído sonaron todos los tonos hasta que una voz metálica me indicó un nosequé si me apetecía dejarte un mensaje, por supuesto que no lo hice, ¿Colgué? Es una frase hecha, en un móvil eso es imposible, ahora es preciso decir que le di a la tecla roja, y eso es lo que ocurrió.
Era la segunda vez que me ocurría. El día de tu cumpleaños te llamé compulsivamente, ansiaba hablar contigo. No me cogiste el teléfono, la comunicación fue imposible ¿Tenías problemas? Quizás yo te hubiera podido ayudar, “Quid pro quo Clarice” Decía Hannibal Lecter.
Hay dos cosas que soy incapaz de no introducir en un relato: Un “latinajo” y una cita de una buena película. Esta vez me ha venido al pelo, dos por uno.
¿Cuál es el motivo por mi obsesión? Ni yo mismo lo sé, te vi en la plaza de Colón con tu sonrisa y allí se me paró el mundo. En cualquier otra ocasión no me hubiera molestado, pero entendí, o así lo creí en aquel momento, que tú eras especial ¿Craso error?
Un día fabuloso, promesas de volver a vernos, algunas comunicaciones cada vez más escasas y de repente el silencio, no hay comunicación, silencio, fin.
Un problema familiar grave tuyo, lo entiendo, te vuelvo a llamar, no contestas, te escribo, me pongo a tu disposición, un escueto “gracias” y punto.
Las cosas han cambiado, hoy tengo por fin una ilusión, es una ilusión peligrosa e incluso pecaminosa, pero el riesgo siempre me atrajo. Tú no estás allí, ni como amiga ni como confidente, te lo está perdiendo, es una aventura apasionante, pero claro, tú continúas en tu torre de marfil, quizás cada uno tiene lo que se merece y en eso estamos bien repartidos, cada uno con lo suyo.
Cuántas confidencias habríamos compartido, lo sabes muy bien, tú lo has querido así, he salido de tu vida ¿Acaso eso es lo que querías? Poco te duran las amistades, pobrecilla.

jueves, 24 de marzo de 2016

Chiquitín



No sé cuándo entró en mi vida, debió de ser al poco de comenzar a trabajar en mi empresa. No es como mi perro que sé perfectamente cuándo fue, faltaría más. La comparación en ningún caso es odiosa, es sublime., ahora mismo son las dos personas más importantes de mi vida, si sumamos a Kiko al grupo de personas y si obviamos por un momento a mi hija, pero ella está lejos y hay cosas que el skype no puede solucionar.
No era de mi departamento, pero cuando le entregaba el periódico a su director, tenía que pasar por su escritorio y al ser una chica guapa y agradable no costaba nada entablar conversación con ella. Bajita pero con una grandeza de espíritu descomunal me fue ganando día a día.
Se casó. Estaba guapísima con su traje blanco, me enseñó las fotos del enlace y a él ni lo miré. Esos ojos me cautivaban, nunca sabría cómo definirlos, parecían de una alegre tristeza o de una triste alegría. Pero eran, y son, unos ojos hermosos color miel, solo hay que mirarla fijamente a ellos para ver cuánta bondad hay en su interior.
Años felices para los dos, cada uno por su lado pero dándonos novedades diarias de nuestras respectivas vidas. En eso fuimos dos espejos, las cosas no nos iban como querríamos que acaecieran, la vida se iba mostrando con una perra crudeza. Lloré con ella cuando se la murieron sus dos pilares más queridos, su abuela y su mascota, su muy querida perra bóxer. Sus ojos se entristecieron un poco más.
A mí las cosas no me iban mucho mejor. Pero en ese canalla momento, a alguna cabeza pensante se le ocurrió que en su departamento si enviaba trabajo vía telemática a un país del este de Europa, la empresa ahorraría el chocolate del loro aún a costa de enviar al paro a un compatriota. Ese fue su caso.
Con un fuerte abrazo nos despedimos, jurando mantener nuestra amistad. Pero yo no estaba dispuesto a que esto que tantas veces había sucedido con ex compañeros, volviera a acontecer.
Nos llamamos y quedamos, no sé muy bien cómo y por qué cada vez iba creciendo una complicidad entre nosotros y una auto ayuda para solucionar nuestras carencias y problemas conyugales, pero llegado el sábado, somos incapaces de estar sin vernos, sin charlar, sin comulgar, sin hablar de nimiedades cuando el silencio es capaz de apoderarse de nuestra conversación.
Una sonrisa –Adiós chiquitín. – y de nuevo tomo el metro hasta Vallecas. Mis problemas ¿Qué problemas? No existen, floto, estoy en la nube, pienso en ella….
Nubarrones ¿Pero qué estoy haciendo? ¿Seré capaz de cargarme esta amistad? No tengo ni pajolera idea de sus intenciones. Vale que no le diga a su marido que queda conmigo, pero eso no significa que por su parte haya algo más. Si fuera un barriobajero de Vallecas diría que me hago pajas mentales, ella está casada y me está ayudando. No sé y no seré capaz de preguntarla nunca sus intenciones respecto a nuestros contactos.
Por favor ¿hay alguien que sea capaz de decirme que no tengo dieciséis años y no puedo ni debo enamorarme de cada chica que me habla?

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