miércoles, 11 de mayo de 2011

Ex

Con cincuenta y un años y ya jubilado, no lo logro entender, es la primera vez que oigo que hacen un ERE en la policía, o eso es lo que me dijeron, lo iban a llevar en secreto por eso de la cercanía de las elecciones, un tema político, ya se sabe, las cosas estas cuanto más arcanas mejor, que se le va a hacer.

Sobre todo porque no quiero creer en una mano negra, ya que no creo en el incidente Roswell ni en la conspiración del hangar 18, no estoy por la labor de pensar que mi archienemigo el Dtr. I. Mero, gracias a sus contactos masónicos, sea el causante de mi baja en la policía, pero es sospechoso lo del ERE, nunca hubiera pensado que se pudiera dar en la policía y más aun que todo se llevase en secreto y que no conozca a ningún otro implicado a quien le hubieran dado la baja.

Desde luego a partir de ahora las calles son algo menos seguras, alguna cabeza pensante le había dado mi puesto a Bernal, ya se que era un enchufado, pues nunca nadie tan inútil había llegado tan alto, bueno vamos a obviar al ministro R. solo espero que no sea capaz de ponerse a manejar el departamento, mejor que lo deje estar y se dedique al papeleo.

En esas elucubraciones estaba, cuando llegué a casa, saludé a la portera y ella me dijo con su voz de pito a lo Gracita Morales:

- Ha venido un señor a traerle esta carta.

- ¿Y ya la trajo abierta?

- Es que tenía las manos mojadas de fregar y se abrió sola, pero no se preocupe que no le he leído.

- Vale, gracias.

Del sobre saco una hoja cuadriculada, arrancada de un cuaderno de espiral, aun quedan algunos flecos en el lado izquierdo, dentro un escueto: Vente al Búho y una letra jota mayúscula como firma.

Me tomé el tiempo justo de ducharme y cambiarme el traje, del que previamente extraje y tiré a la basura, el pin de oro con el escudo del cuerpo, triste adiós y recompensa recibida después de tantos desvelos por la seguridad de los demás. Dentro del compartimento oculto del mueble bar, saqué la Beretta 92 y la placa falsificada, ambos regalos de mi viejo amigo Goran, ahora dándole gusto a sus hormonas en Marbella, quien incapaz de vivir la vida fácil, nos hacía estremecer de emoción con sus epístolas.

Pertrechado con todo esto, bajé la escalera silbando la de la bahía con los pies colgando. Vaya, creo que me repito con las canciones. –Me dije, pues no me gusta tener más manías de las necesarias, como levantarme siembre con el pié derecho y con este mismo pié, avanzar primero para cruzar los semáforos etc. En el bajo me esperaba la portera asida a su arma reglamentaria, o sea su escoba.

- ¡Qué! ¿Ya se va al Búho? Vaya antro de perdición.

- No me dijo que no leyó la carta.

- Y yo que sé, lo habré acertado por casualidad.

- Si ya sabía yo que usted tenía algo de bruja.

- Esos son los ojos con los que usted me mira.

En mis tiempos de agente de la ley, siempre eché en falta un batallón de porteras como la mía distribuidas por la ciudad, como informadores no tienen igual y salen más baratos que los soplones, un aguinaldo por Navidad y te cuentan todos los dimes, diretes y entresijos de la ciudad y sus ciudadanos.

Ante el hecho de no poder conducir o que fuera conducido en un coche patrulla, enfilé hacia el garaje del sótano, donde debajo de su funda protectora, se hallaba el Panda que con mil esfuerzos había ahorrado con el exiguo sueldo de funcionario todos estos años, afortunadamente ya lo tenía pagado hace tiempo, pues la merma en un cinco por ciento de mis haberes este último año, decretada por el gobierno, habría hecho ahora imposible su adquisición.

A pesar de sus catorce años de antigüedad, el kilométrico del Panda marcaba sólo diez mil kilómetros y es que en todos estos años, apenas había disfrutado de mis merecidos periodos vacacionales, mi afán por la justicia, me impedía dejar el puesto vacante siquiera por un mes, el crimen no se detiene en verano. Solamente algunos fines de semana, era capaz de acercarme a la cercana sierra a relajarme en un pequeño pueblo en un albergue rural.

Antes de llegar al Búho, me detuve a yantaren el restaurante “Cristelicious”, lo regenta mi buena amiga Cris, nadie como ella sabía como regalarme una buena colación, aun a pesar de sus intentos de atraerme hacia la causa vegetariana, esta semana el plato estrella era pasta integral con tofú y shiitake, quitando lo de pasta, el resto era incapaz de entender a que se refería, pero como siempre, me hice el entendido y me lo comí todo, rebañando incluso con un trozo de pan.

Una vez satisfecho esta necesidad fisiológica que me venía bien en el caso que empezase a trasegar güisqui y otras bebidas espiritosas, me dirigí sin más ambages a la renombrada taberna, tuve suerte, pues aparqué el Panda justo enfrente, a pesar de la insistencia de algunos parroquianos, yo creo que algo bebidos, Thomas, no había dispuesto aun de un servicio de aparcacoches, no se dan cuenta que en el barrio donde está enclavado el Búho Bizco, no faltan amables personajes que están dispuestos a cualquier hora para aparcarte el coche, sin garantía de retorno.

Detrás de la barra, Lola, lozana y pizpireta, me saludó:

- ¿Cómo va eso inspector?

- Ex

- ¿Ex?

- Sí guapísima, ex inspector.

- Ya sabe, la costumbre, entonces ¿Cómo debo llamarle a partir de ahora?

- Tú misma, cariño, esposo mío, amado mío…

- ¡Ay! Ya viene usted con sus guasas.

- Bueno, llámame Pepe.

- ¿Sólo Pepe?

- Pepe…Lotas.

- Desde luego es usted incorregible. Jota le está esperando en la sala de Villar.

- ¿Desde cuando tenéis billar aquí?

- Es el salón de la televisión panorámica que compró Thomas para el mundial, para darle color, pusimos en la pared un poster de la selección y alguien en pleno fervor patriótico lo arrancó parcialmente y dejó pegado en la pared la foto del presidente de la federación, señor Villar.

- Desde luego Lola, eres insuperable, piénsate lo de casarte conmigo, guapetona.

Me introduje a mi pesar en el salón indicado y allí encontré a Jota con su sonrisa sardónica, sabiéndose triunfador en nuestra pugna por los favores de Margarita Ricci.

- Pepe ¿Qué tal lo llevas?

- Me ronda por la cabeza que tú lo sabes mejor que yo.

- Le das muchas vueltas a la cabeza y eso es malo, piensas que todo el mundo conspira contra tu persona y tengo que decirte que eres un poco pedante, no eres tan importante como te crees, tú y yo solo somos simples peones en un juego llevado por manos de grandísimos jugadores.

- Siempre fui muy rebelde, no me gusta que me dirijan.

- Así te ha lucido ¿Y a partir de ahora, qué vas a hacer?

- No lo se, apenas me hago a la nueva vida.

- Si eres capaz de aceptarlo, yo te puedo ayudar.

- ¿Ayudarme a mí? Tus regalos suelen estar envenenados.

- Haré que no he oído tus palabras, te ofrezco seguir haciendo lo mismo que antes, pero sin jefecillos que te dejen tirado, solamente dando cuentas a tu cliente, con mis contactos, estos no te faltarían.

- ¿Por qué me da la impresión de que vas siempre un paso por delante de mí?

- Lo consideraré un halago por tu parte. – Margarita, por favor.

A mis espaldas y surgida de la nada, apareció como siempre esplendorosa y llena de majestad Margarita Ricci a sus cuarenta años no confirmados.

- Estás morena Margarita, ¿Has estado en la playa?

- Un viaje de negocios por el caribe. – Me respondió con frialdad.

Me hizo entrega de una tarjeta con una dirección garabateada en ella.

- Pásate ahora, el cliente te está esperando. – Me hizo saber Jota.

- No te he dicho que iba a aceptar.

- No infles la cuenta o te pesará.

Salí del salón guiñándole un ojo a Margarita, lo que casi hizo que me estampase de bruces con el flamante inspector Bernal.

- Bernal, cuanto bueno hay por aquí.

- Inspector Bernal, por favor.

- Si, cierto, nunca un trepa fue tan bien recompensado.

- Confundes la excelencia con el enchufismo. –Me dijo mientras blandía un ejemplar de un periódico gratuito, donde en grandes titulares en la sección local se destacaba: El nuevo inspector recupera autobús robado.

- ¡Enhorabuena! ¿Quién te lo sopló? ¿Algún contacto con sectas masónicas?

- Por supuesto que no le voy a nombrar mis fuentes, sólo se trata de un excelente trabajo policial dirigido por mi persona.

- Perdona que no continúe con la plática, mi tiempo dedicado a la carroña toca hoy a su fin.

- Ten cuidado, recuerda que eres un ex, ya no pintas nada ni tienes nada que te proteja, eres uno más en la calle.


8 comentarios:

  1. Fantástica la aparición estelar de la Ricci, José Antonio. Ese pobre EX traqueteando en horas bajas con su Panda. ¿Colombo?
    Saludos blogueros

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  2. Pues que quieres que te diga un ERE no es tan malo si te vas con salud para disfrutarlo y con el dinero justo y necesario para vivir...otros con trabajo precario y mal pagado ya quisieran.

    Me has tenido por unos segundos pensando "ya me ha colocado una de esas palabrejas raras que él sabe en este relato" pero luego me he dado cuenta que se había pegado una con otra... je,je,je.

    "me detuve a yantaren"

    O lo que es lo mismo; "...me detuve a yantar en..." Esa la conozco es muy de las peliculas medievales..."yantar"; comer o llenar la barriga de viandas. je,je,je. Un abrazo

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  3. Y que ha pasado con mi autobús¿¿?? Me has dejado intrigada Jose, el Bernal ese ni me lo había dicho... un soplagaitas ese tio.
    Besotesss

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  4. Hola José Antonio. Gracias por la parada en mi restaurante, es mi sueño(abrir un restaurante vegetariano) pero lo veo muy difícil de alcanzar. Esta semana os he preparado algo jugoso, quizás demasiado, y me temo que tampoco lo vas a probar, tengo que buscar para la semana que viene algo intermedio. Sobre el relato que te puedo decir que no te haya dicho ya, sabes que me encanta todo lo que escribes. Besos.

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  5. Sempre um prazer vir aqui ler suas histórias...
    Que interessante o que você escreve sobre os fatos... tanta imaginação...

    Um beijo enorme.

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  6. ¡Coño, desaparezco unos días y te convierten en un `ex´! Pero no está mal, un `ex´es lo mejor que se puede ser en España.

    Un abrazo

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