martes, 6 de julio de 2010

Ven dulce muerte

Ven dulce muerte, se me ha concedido un gran poder, un poder sublime, elegir la hora de mi muerte y voy a hacer uso de mi poder, no me da miedo del infierno, no creo en el infierno del más allá, aquí en la tierra desde que venimos al mundo, somos unos pobres diablos atormentados y tormentosos, que durante nuestra rastrera vida, solo sabemos sufrir y hacer sufrir, no existe mayor condena que la vida, por lo que la muerte, al fin y al cabo, es sencillamente una liberación.

¿Hacerlo como Sócrates? es una muerte plácida, la cicuta fue adormeciendo sus extremidades poco a poco, su mente se embotó con un sopor del que solo salió para recordar pasados débitos.

¿Lo haré como Séneca? , pobre hombre, fue un poco chapucero, después de abrirse las venas de brazos y piernas, tuvo que beber una poción de cicuta, no le hizo efecto y sólo el vapor de la bañera le hizo morir por efecto del asma que padecía.

Sin salir de la bañera, recuerdo a Marat, pero no tendré la ayuda en el tránsito de una nueva Carlota Corday, por supuesto me olvido de la guillotina, es difícil de localizar fuera de Francia una en buen uso y asequible; me molesta de manera particular el humo, por lo que una solución a lo Juana de Arco es inviable, además una carga de leña similar es costosa económicamente además de un lugar retirado de las miradas ajenas, no es fácil de conseguir, verdaderamente queda descartado, me olvido pues de la solución francesa.

Ni hablar de la soga, es poco original, además, tengo leído que se suelen aflojar los esfínteres y me parece poco elegante irse de este mundo dejándolo todo perdido.

Cerca de aquí está el viaducto, pero anteriores volatineros, hicieron que el ayuntamiento pusiera una barrera de cristal para evitar tener que recogernos en la calle Segovia.

En mi mente se agolpaban todas las maneras más o menos civilizadas de morir y las iba desechando una a una, algunas por difíciles de conseguir la parafernalia adecuada como la guillotina y la silla eléctrica y otras por no poder dejar tras de mi un bonito cadáver, la verdad me fastidiaba tener que hacer que pobres trabajadores de la limpieza se esforzaran en limpiar mis sesos incrustados en el techo de algún lugar.

Recapitulando, busco una muerte higiénica, sin importar el dolor y el sufrimiento, pero que no me desfigure en exceso…. mmmm. creo que lo tengo, seguiré viviendo, moriré dulcemente, mi sufrimiento no tendrá fin, continuaré siendo seguidor del Atlético de Madrid.





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